

Desorden superior
Nadie sabe bien cómo fue que todo terminó de ésa manera. Lo cierto es que la imagen final era elocuente: unos diez vándalos “aterrorizaban” la fiesta tirando gente a la pileta, desnudándose, haciendo volar botellas, baldes con hielo, sillas de hierro y todo lo que se encontrara por delante de sus ojos. El armónico verde del jardín estallaba en mil pedazos y se poblaba de ropa mojada (que ya nadie reconocia como propia), vidrios rotos y restos de sangre. Aún con él único DJ en pie herido (justamente en su pie), el descontrol era incesante, el baile endemoniado y la lista de temas…soñada:
-Damage goods de Gang Of Four
-Pardon my freedom de !!!
-Starfighter de Prodigy
-Hey Boy, hey Girl de Chemical Brothers
-House of jealous lovers de The Rapture
-Personality crisis de New York Dolls
-I wanna be your dog de Stooges
-Anarcky in the U.K. de Sex Pistols
-Ever fallen in love de Buzzcoks
-She´s a sensation de Ramones
-Janie jones de The Clash
Estaba por sonar Sonic Youth con Teenage riot cuando la orden de cese llegó al lugar. Ampliamente satisfechos. Llego a mi casa, abro el diario y leo que Iggy Pop fue acusado en Suiza por "tocar muy fuerte" (102,5 decibeles). Pongo a secar mi ropa, le doy un beso a mi madre y, rengo, me voy a dormir. Hasta la próxima.
20 canciones de 2005
Claro que en el BAFICI también ví la peor del año: 9 songs de Michael Winterbottom (el de 24 hour party people). Una reverenda cagada que me dio indignación (más aún teniendo en cuenta las expectativas que tenía). Y otras decepciones como Palindromes de Todd Solondz (con desmayo incluido de una espectadora y posterior y jugosísimo intercambio de comentarios con otros espectadores que acusaban a la pobre mujer de ser una militante antiabortista que estaba simulando para que la función se suspendiera) y Clean de Oliver Assayas.
En el Lugones pasaron la mejor peli de Wong Kar Wai que ví y una de las mejores que ví en mi vida: Felices Juntos. La había visto por I sat hace unos años y, cómo no está editada ni en VHS o DVD, poder ver ésas imágenes en fílmico fue la mejor decisión que alguien pudo haber tomado: impagable (su exhibición formó parte del ciclo del Lugones “Archivo Abierto”, en el que se pasaron 21 películas de escasa circulación que fueron recientemente adquiridas en 35 mm).Se dijo mucho de ésta película: que Buenos Aires nunca estuvo mejor retratada que acá y que está irreconocible, onírica, que su melancolía, que su fotografía, que la presencia de la literatura de Manuel Puig, que la música de Piazolla, que las Cataratas del Iguazú, que la canción final de The Turtles (happy together), que el momento en que Tony Leung se quiebra frente a un grabador de mano mientras suena de fondo una cumbia inoportuna y machacante, que la escena del ayudante de cocina en el faro del “fin del mundo”, que la relación de amor y celos entre ellos dos, que…en fin. Habría que hacer un post sólo para Happy Together. También habría que tenerla en DVD, y verla más seguido, y así poder vivir su poder de seducción y conmoción únicos.
(Las otras de W.K.W. que ví: Con ánimo de amar y 2046. Sobre la primera, nunca le encontré la vuelta. En cuanto a la segunda, que se estrenó éste año, sin desmerecer los varios méritos de la peli, concuerdo con una afirmación que leí en HC: es una película para fotógrafos.)
Fuera del cine oriental, pude ver a tres de mis directores favoritos en pantalla grande (Malba, Lugones): Truffaut con Disparen sobre el pianista, Rhomer con El rayo verde y Cassavettes con Shadows.
Ahora sí: apuntes sobre algunas de las películas estrenadas en 2005. El orden no es jerárquico ni cronológico y la elección no tiene necesariamente que ver con el criterio de las “mejores”. Hay pelis a las que no les encuentro prácticamente fisuras (ejemplos: Una historia violenta, Crimen ferpecto, Caminos a Koktebel) y que me gustan mucho pero no creo que me queden en la retina por mucho tiempo y, por otro lado, hay otras con escenas, situaciones, actuaciones o diálogos que me hacen ruido pero en el que hay algo en particular, del orden de las identificaciones o sensaciones personales, que se termina imponiendo sobre el juicio más racional. Hay otras que odié.
-Vida acuática de Wes Anderson. Esperé ésta película con la ansiedad con la que uno espera un mundial de fútbol (aunque no uno en que esté Pekerman). El genio de Wes, con sólo 4 películas en su haber y ya convertido en uno de mis favoritos, logra algo muy difícil. Sus películas cuentan historias ridículas, historias que se bifurcan en varias otras que pareciera que se pierden por ahí, excéntricas, “inverosímiles” (y, por lo tanto, aparentemente superficiales). Pero las mismas dan cuenta de un universo personal del director muy profundo y emotivo. Entonces uno vive la extraña sensación de sentirse reconocido y fuertemente movilizado por personajes ( tan estúpidos, egocéntricos, soberbios, tiernos y queribles) y situaciones casi impensables en la vida “real”.
Tiene setenta imágenes para el recuerdo pero vale rescatar una de las escenas finales en las que la tripulación se sumerge en el submarino para vengarse del tiburón Jaguar: lo ven venir y Bill Murray (perdón, Steve Zizzou) se emociona hasta las tetas y se pregunta en voz alta, casi sollozando: “¿Se acordará de mí?”. Acto inmediato, toda la tripulación, visiblemente conmocionada, le tiende sus manos sobre su hombro. Él responde posando su mano sobre la panza de la periodista embarazada (que no le da bola y por la que está celoso de su hijo, al que acaba de reconocer para levantar un poco su ego), la hermosa Cate Blanchett, quien mira a su propia panza, alza la vista y le dice: “En 12 años él va a tener 11 años y medio”, a lo que Steve le responde con mirada y suspiros melancólicos: “…11 y medio, mi edad favorita”.
El resto de los mortales quizás ríe (solamente) pero a mi me cuesta un huevo (solamente) reír: estoy conteniendo el llanto. ¿Llanto?, ¿¿¿por eso???.
Así de grosso es Wes Anderson. Un tipo que puede retratar relaciones afectivas y humanas con ligereza y humor y, aún así, llegar a niveles de profundidad mucho mayores que la mayoría de las dramas-bodrios que circulan por ahí.
Ahh, y si a eso lo musicalizamos con Scott Walker, Devo, Bowie en portugués, los Stooges, los Zombies….
-La guerra de los mundos de Steven Spielberg. Generalmente reacio a las superproducciones para ser consumidas con pochoclo (seguramente regido por prejuicios estúpidos), fuí justamente a eso. Siguiendo el consejo de Truffaut de ver las películas desde las primeras butacas, me senté en la fila 2 esperando, como un niño, que la película me absorbiera en su mundo de lugares comunes hollywoodenses. Iba bien predispuesto a “pasarla bien” aunque atento a no suspender la incredulidad por las críticas que le habían hecho a Spielberg por hacer una película supuestamente propagandística sobre la política exterior de Bush. Entonces, me embarqué en ése doble placer: disfrutar del enorme despliegue visual, de la atrapante tensión de la narración y de la sensación de escurrirme en la butaca al ver en peligro a los personajes (con los cuales ya me sentía plenamente mimetizado) y, paralelamente, agudizar la observación intentando dilucidar el mensaje “biofascista” de la película. Si al salir del cine mi encantamiento más primitivo con la película había sido absoluto, la experiencia la completé interiorizándome a fondo con la discusión en un blog vecino sobre si la peli era, en definitiva, “pro” Bush o era lo contrario. La diversidad de opiniones que leí, y la coherencia y profundidad de cada una de ellas, no sólo me dejaron en estado dubitativo para posicionarme de un lado o del otro (sientiéndome un estúpido), sino que me permitieron afirmar que estaba ante una película de pochoclos, sí, pero, sobretodo, de autor.
-Zatoichi de Takeshi Kitano. Su película más accesible, libre y divertida de todas. La secuencia final de la coreografía es increíble. Estoy esperando que me devuelvan el DVD que presté.
-La esposa del buen abogado de Im Sang-soo. Tiene un título horrible pero es una excelente película, quizás la que más me gustó. Te sorprende todo el tiempo (sobretodo siendo hombre; película ultra feminista), jamás cae en lugares comunes y tiene escenas antológicas (confirma mi intuición de que nadie mejor que los orientales para filmar escenas de amor y “pasión”). La ví dos veces en dos semanas y quiero el DVD ya.
-Como un avion estrellado de Ezequiel Acuña. El director insiste en que es “una película con huevos”. Había visto Nadar Sólo y no entendía muy bien que era lo grandioso de ésa película (salvo el póster, que lo tengo y me encanta). Fuí a ver su segunda peli dispuesto a pegarle y a reírme de su caricatura del universo “indie”. Si bien logré mi cometido cuando noté que los personajes eran tan exageradamente indies (dificultades para comunicarse, incluso tartamudeos, cabezas agazapadas y recitales de Mi Pequeña Muerte) y me calenté con las intenciones “lucreciamartellescas” de la película, la misma me cagó en muchos aspectos. Y me dejó una sensación rara. No sé si me gustó bastante, algo o nada. Actúa Manuela Martelli, que no puede ser más linda.
-Géminis de Albertina Carri. No es una gran película pero la escena en que la madre descubre a sus hijos en relación incestuosa es perfecta. No queda más que reírse para descargar tanta tensión. Otra película en que se “cuela” (bastante) Martel.
-Vida en pareja de Francoise Ozon. Nada superlativo pero me gustó bastante. Además, fue una de las pocas películas francesas estrenadas.
-La casa de las dagas voladoras de Zhang Yimou . Qué película, qué imágenes!
-Sin city de Robert Rodríguez. El cómic no es lo mío. A los diez minutos estaba pidiendo la hora, muy densa para mí. Al menos, la pude amenizar con tragos provistos por no me acuerdo qué marca que auspiciaba la avant-premiere.
-Charlie y la fábrica de chocolates. Película que me confirma mi poquísima empatía con Tim Burton. No es lo mío.
-Whisky de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella. 25 watts me encantó pero a ésta no le creí mucho. Si la primera recreaba el mundo abúlico de Jarmush con gracia y personalidad (y con mate incluido), en Whisky las “referencias” a Jarmush y, en especial, a Kaurismaki ya empiezan a resaltar demasiado y, por ende, a molestarme. Aunque no tanto; éste tipo de cine me encanta. Con ésta pelicula me hice fan de "Hoy corté una flor", el tema de Leonardo Favio.
-Tiempo de volver de Zach Braff. Esta opera prima es de lo más grasa e indignante que ví en mucho tiempo. Arranca bien, con algunas cosas afanadas a Wes Anderson, pero en las que uno intuye ver desplegarse cierto aire personal y simpático del director. Después la cosa se pone de lo más obvia, grandilocuente y grasa, con escena final incluida en la que su joven protagonista grita en medio de la lluvia y con los brazos abiertos que es …libre!!, o algo por el estilo, mientras suena una canción ultraedulcorada tipo Coldplay.
-Cómo pasan las horas de Inés de Oliveira César. Película que sugiere climas tan lindos y placenteros que me quedé dormido. Le debo otra oportunidad.
-Imposible de Christian Pauls. Se nota que el guión es de su hermano Alan. Fantasmagórica. Me gustó.
-Ronda Nocturna de Cozarinski. Parecida a la anterior en varios sentidos. Pero actúa Marianita Anghilleri.
-Los edukadores de Hans Weingartner . Sé que hay gente ofuscada y con ganas de pegarle. Al principio, surgen los temores de ver una película de tres idiotas con “altos ideales políticos” pero, acertadamente, y de manera para nada pretenciosa, termina hablando de la amistad y con humor. Me gustó mucho y, más que ganas de hacer una revolución, me dejó con ganas de irme a vivir al campo (al menos, por unas semanas) con la protagonista escuchando “Hallelujah” por John Cale (y no por Jeff Buckley). Creo que ésa sensación explica toda la película.
-El Aura de Fabián Bielinski. Gustavo Noriega escribió en El Amante una nota titulada “Cine mata guión” en la que explica muy bien los enormes méritos de la película. Dice algo así como que, a diferencia de Nueve Reinas, que tenía un guión muy ajustado, El Aura presenta varias situaciones que no parecen justificadas por otra cosa que la casualidad. Pero Bielinski sabe suplir ésas “carencias” con mucho cine, con, por ejemplo, la escena del asalto con Darín participando desde afuera que no hace otra cosa que involucrar al espectador a su par, de manera mucho más intensa. Película redonda, mala onda y para nada complaciente.