Cat keeper
En la disyuntiva conceptual perro/gato siempre opté por el primero. El debate (humanismo recalcitrante mediante), si llega a ese estatuto, ya me parece malísimo. Agotado en otros momentos, inconducente, de bajo vuelo, etc. Pero, sí, deberían aclararse estas cosas desde el vamos. O no, no solucionar nada y que todo continúe. Sí. O no. Es lo que no sé.
Cerebrito extraterrestre que piensa y habla; se chupa (a) y despega de uno con la misma facilidad y celeridad, casi en un mismo movimiento. El abismo es cuestión de horas, dos días como mucho.
Dice cosas como “cada 5 comentarios que hace mi mamá, me molestan 3 levemente y 1 bastante. y hace comentarios sin parar. por suerte tenemos una camioneta enorme y si quiero me siento en tercera fila a unos 10 metros de ella.”
Me and you and everyone we know me debe haber perturbado; fuí socorrido y amamantado. Hiroshima Mon Amour terminó y la volví a poner. Pongo pause, prometo no turbarme y me hago un café: en la violenta escalada hacia el peldaño más alto de la estratósfera mi hermana lo logra pegando a…los piojos, la banda, con D. Banhart, el hippie trucho.
En NY existen los “cat keepers”, me cuenta Fel. Es prácticamente un oficio: van a la casa de algún rico que, en su ausencia, les deja los gatos para que se los cuide. Les pagan; a mí ni un shymmy. Hoy, soy "cat keeper" tiempo completo, “con cama”.
A esta altura, mi preferida es Olivia. Mientras veo tv sin volumen, se posa sobre mi cuerpo, tantea la superficie y, finalmente, se acuesta entre mis piernas y duerme. Cada día nos queremos más. Maní, en cambio, de dudosa moralidad, ni bola.